Me adapté a este mundo de novela con una voluntad de supervivencia increíble, hasta que un día, un niño muy inusual apareció en mi camino. Apenas tenía para comer, pero no pude ignorar sus ojos adorables y lo crié con todo mi cariño. "Me voy a casar contigo, hermana. Firma el registro de matrimonio". "Algún día, algún día... Cuando crezcas, si todavía sientes lo mismo, entonces escribe tu nombre". Como los menores de edad no pueden realizar el trámite, firmé en tono de broma, pero... ¿cómo que el registro de matrimonio fue aceptado? ¡¿Y además resulta que la verdadera identidad de mi pequeño es... la del Emperador?! ¡Fui engañada por el disfraz de este protagonista calculador y terminé casada con él!
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