Aro fue sorprendida por su amigo de la infancia, Kang Geon-woo, con un consolador que había recibido como un inútil regalo de cumpleaños. "Oye. ¿Alguna vez lo has usado?" "...¿Qué?" "No importa. ¿Qué vas a saber tú...?" La vergüenza duró poco, pues un agudo sentimiento de desafío surgió en su lugar. Había exactamente dos cosas que Geon-woo decía que ella odiaba. (1) "No importa. Ni siquiera debería decirlo." (2) "No te metas con el bebé." Pero hoy, él fue tan lejos como para combinar (1) y (2). Sus experiencias pasadas se habían transformado en un amargo resentimiento por ser ignorada. Y sin embargo, él nació solo un mes antes. "¡Yo también hago algo con eso!" "Entonces, ¿me enseñarás? Cómo jugar sola." Embrujada por la idea de que Geon-woo le "enseñara" algo, Aro terminó cavando su propia tumba.
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